La propuesta ¿Cómo convencer a mi pareja?

24.02.2025

En la vida en pareja hay muchos retos. Dos personas completamente diferentes, con modos de ver cada parte de la vida personal y colectiva de modo diferente, deciden unirse en un proyecto en común, un proyecto de vida en nombre de ese pequeño estado de locura temporal, el amor.

Clínicamente hablando hay tres columnas principales en un matrimonio, sin menoscabar otras que, en términos generales, pueden adicionarse, según sea el caso.

La intimidad, que está fundamentada en el permanente enamoramiento del uno hacia el otro, en el en estar juntos, compartir juntos y conocerse juntos.

La pasión, que pasa por ser una intensa intimidad emocional y un anhelo físico de estar conectado con la pareja, comprenderse mutuamente con compasión y compartir la curiosidad por el otro. Ser una expresión de afecto, calidez y felicidad. Compartir actividades placenteras, y por último, sentirse entendido y aceptado totalmente.

El compromiso, que tiene que ver con la madurez de la persona, la capacidad de asumir responsabilidades y alguna "obligación". Si hay compromiso los miembros se involucran en la vida del otro, se interesan por la familia, los amigos, el trabajo, las aspiraciones y preocupaciones, y en nuestro caso en sus necesidades sexuales.

Todo esto enmarcado en los fundamentos de la monogamia sexual y emocional ¡todo lo que esté fuera de este marco es anormal…! ¿O no?

Toda la edificación que se sostiene sobre estas columnas se resquebraja, cuando el sentido de propiedad del otro se somete a prueba en el momento en que uno de los dos manifiesta querer vivir formas diferentes de la sexualidad en pareja, explorar diferentes sensaciones sexuales, vivir las tan anheladas fantasías.

Proponer a tu pareja, en función a tus propios deseos y expectativas, abrir la pareja a un mundo sexual diferente y contrario a la monogamia sexual preestablecida como normal, inviolable y fundamentalmente correcta, pone a prueba todo principio, toda columna; lo pone a prueba todo. Abre la puerta a conversaciones incómodas y pone en la mesa lo que se es como persona y todo lo que nos construye como una.

Según las estadísticas en un 70% de los casos es el hombre quien propone abrir la pareja, en un 20% ambos manifiestan la misma intención en una conversación horizontal y en un 10% es la mujer quien propone dar los pasos hacia la exploración sexual juntos. No vamos a hablar aquí de la monogamia sexual y sentimental, que en el caso del swinger son completamente diferentes, hablaremos de la propuesta y sus consecuencias; como eje principal de todo el proceso, ese punto inicial que da un vuelco de 180 grados a nuestro matrimonio.

Una vez hecha la propuesta, el matrimonio cambiará para siempre.

Para nadie es un secreto que el machismo cultural está presente en cualquier sociedad, los hombres frente a su sexualidad son vistos de maneras diferentes a las mujeres; ambos son educados de forma diferente y tienen mayor o menor acceso a su cuerpo y a sus deseos. Individualmente y en parejas se esperan cosas específicas en cada rol, cada cual debe jugar su parte porque eso es lo que se "espera" y porque la unión matrimonial establece un solo modelo de conducta sexual.

El simple hecho de imaginar o suponer que tu esposo desea penetrar a otras damas, que tu esposa desea ser penetrada por otros caballeros, que tu pareja desea compartirte sexualmente, que tu esposo desee verte sexuar con otros hombres, que tu esposa desea verte sexuar con otras mujeres; pone en contexto cientos de dudas. Nos enfrenta a nuestra infancia, juventud, traumas infantiles, creencias religiosas, nuestro rol en el matrimonio, nuestro rol en la sociedad, traumas por baja autoestima, temores por la propia condición física-sexual. Los celos también toman un rol protagónico en toda esta ecuación, ese sentido enfermizo de pertenencia hacia el otro, es una valla muy alta de saltar, para mucho imposible. En fin, nos pone a luchar contra nosotros mismos y contra nuestra pareja, una lucha que no acaba nunca, porque una vez abierta la caja de pandora no puede cerrarse.

La sociedad en su conjunto siempre lo condenará, porque no es lo que debe ser o suceder en un matrimonio "sano" por tanto, dentro de nuestra educación, el swinger nunca es una opción, de hecho; para muchos ni siquiera existe, es un mito del porno.

La propuesta, convencer a la pareja si entra en unos protocolos de acción para que afecte menos la agresividad en la respuesta.

En cada caso nacerán las preguntas incómodas

¿Es que no soy suficiente mujer u hombre para ti?

¿Lo que tenemos y hacemos para ti ya no es suficiente?

¿Si deseas abrir la pareja es porque ya no me amas?

Preguntas muy difíciles de resolver sin ayuda.

Conversarlo, decirlo, manifestarlo en un contexto y ambiente de felicidad mutua, nunca en una discusión. En un ambiente de regocijo sexual, una cena en pareja, un hotel etc.

No insistir, dale tiempo a tu pareja; él o ella deben tener un espacio propio para digerirla, asumirla, asimilarla. Dentro de nuestra educación familiar el sexo en un tema tabú y por lo general mal manejado y eso determina nuestra vida sexual. Incluso el proponerlo no nos hace mejores o más avanzados o más abiertos, en ti también hay dudas. En cientos de casos, el no saber usar las palabras correctas, por nuestra propia educación páter familia, nos juega en contra.

Investigar de manera exhaustiva sobre el swinger, debemos saber qué estamos proponiendo. No uses el porno como referencia educativa. Lee, estudia fuentes autorizadas. Insta siempre a que esa educación sea junta, involucra a tu pareja en cada paso del proceso. El swinger no es un libro abierto, depende de ustedes descubrirlo y manejarlo según sus propios criterios.

No se lancen al agua solos, busquen clubes, siempre es mejor iniciarse en el swinger en un ambiente colectivo sano.

No lo conversen con amigos, familiares o compañeros de trabajo; Es una decisión de dos, solo tu pareja puede darte las respuestas correctas.

Tener capacidad de negociación, y tome en cuenta que negociará con la persona más difícil su pareja, y negociará con lo más delicado su matrimonio.

Y último, pero no menos importante, asistan a especialistas psicólogos o terapeutas de parejas, solo ellos podrán ayudarlos en el camino.

Recuerda que la decisión de ser, estar y vivir el swinger siempre será una decisión personal. ¡La decisión es tuya no de tu pareja!

Ella o él deben convencerse sin presiones, pero sí con ayuda.

El swinger es una confrontación permanente con el ego sexual. Para llegar a ser parte del estilo de vida swinger debes entrar en un proceso de reaprendizaje, es decir, nada de lo que ya crees saber te va a ayudar, debes aprenderlo todo de nuevo y más aún, aprenderlo de la mano con tu pareja. Lo que te enseñaron en casa, en la escuela, en la sociedad no te va a servir, porque en sí mismo; el swinger es empezar de cero en lo sexual. Ves y vives cosas que no pueden ser procesadas con previos estigmas.

En resumen, proponer a tu pareja ser parte del estilo de vida swinger es un camino difícil, por la valentía que conlleva la pregunta es si y por las consecuencias que esta trae. Debes estar preparado para recibir un no como respuesta, en un 90% esa es la primera reacción. Enfrentarte a tus propios monstruos y a su vez enfrentarse a los monstruos de tu pareja. Estar listo para conversaciones incómodas y tener paciencia para la carga emocional que involucra. Debes en primer lugar, amar a tu pareja. amar a tu pareja.

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